Efesios 6:12 Pues no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible, contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y contra espíritus malignos de los lugares celestiales.

Piensen que la religión, con sus mandatos, no es algo que pueda dejarse de lado, sino el verdadero consuelo, la única vía segura en todas las circunstancias, también en las más dolorosas de la vida.
El asesino de Santa Goretti

 

Extracto de Santos Protagonistas de la vida, libro de los salesianos escrito por Ricardo Noceti

Jean Guitton escribió sobre el rapto de locura: “hay criminales que son santos en potencia y santos que sin la gracia hubieran podido ser criminales”. Por otra parte, también vale la pena evocar la recordada película de Cayette “Todos somos asesinos”. Por eso, no nos tendríamos que escandalizar tanto cuando asistimos al desfile de los asesinos y delincuentes en la prensa amarilla. En todo ser humano hay un Caín, dispuesto a traicionar y matar a su hermano.

San Dimas

San Dimas, el buen ladrón. Pagó con la cruz sus robos pero se arrepintió.

Un caso especial es el de San Dimas, a quien la Iglesia reconoce como el “Buen Ladrón”. El mismo, poco antes de morir, reconoció sus fechorías: “Nosotros estamos sufriendo con toda razón porque estamos pagando el justo castigo de lo que hemos hecho” (Lc. 23,41). Pero, al reconocer a Jesús como el Señor del Reino, recibió de éste la consoladora respuesta: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc. 23,43). El así llamado “Buen Ladrón” se robó el cielo en el último minuto.

No tan reconocido es el caso de Alejandro Serenelli. el asesino de María Goretti, a principios de siglo, en 1902, tras un intento de violación al que ella se resistió. Después de haber sido condenado a 30 años de cárcel, Alejandro se entregó a Dios de tal manera que ya antes de salir (por buena conducta purgó 27 años) los compañeros de cárcel y los guardias lo llamaban “el Santo”. Cuando fue liberado, lo primero que hizo fue ir a visitar a una hermana de María que todavía vivía para pedirle perdón por el delito cometido hacia su hermana. Luego estuvo como jardinero en un convento de capuchinos, donde murió querido por todos y con fama de santidad. Hace pocos años se comentaban a dar los primeros pasos en Roma para iniciar su causa de beatificación, de modo que si alguna vez la Iglesia resolviera beatificarlo, podríamos tener en los altares a la víctima, Santa María Goretti, y al asesino, Alejandro Serenelli. Éstas son las maravillas que sólo Dios es capaz de hacer. Ésta es la declaración escrita que él sintió que tenía que hacer antes de morir y que podríamos considerar algo así como su testamento.

“Soy un anciano de casi ochenta años y estoy listo para partir. Echando una ojeada a mi pasado, reconozco que en mi primera juventud escogí el mal camino, el camino del mal que me llevó a la ruina. Veía a través de la prensa, los espectáculos y los malos ejemplos que la mayoría de los jóvenes siguen ese mal camino, sin reflexionar. Y yo hice lo mismo sin preocuparme por nada.
Tenía cerca de mí a personas que creían y vivían su fe, pero no me fijaba en esto, cegado por una fuerza salvaje que me arrastraba hacia el mal camino. Cuando tenía veinte años, cometí un crimen pasional, del cual hoy me horrorizo con sólo recordarlo. María Goretti, ahora una santa, fue el ángel bueno que la Providencia puso ante mis pasos. Todavía tengo impresas en mi corazón sus palabras de reproche y de perdón. Ella rezó por mí, intercedió por mí, su asesino.
Luego vinieron 30 años de cárcel. Si no hubiese sido menor de edad, habría sido condenado a cadena perpetua. Acepté la sentencia que merecía, expié con resignación mi culpa. María (Goretti) fue realmente mi luz y mi protectora; con su ayuda, me porté bien y traté de vivir honestamente cuando fui aceptado nuevamente entre los miem­bros de la sociedad. Los hijos de San Francisco, los capuchinos de Le Marche, me recibieron en su monasterio con su angélica caridad, no como a un sirviente sino como a un hermano. Con ellos convivo desde 1936.
Ahora estoy esperando serenamente ser admitido a la visión de Dios, abrazar de nuevo a mis seres queridos, estar junto a mi ángel protector y a su querida madre Assunta.
Desearía que quienes lean estas líneas aprendan la estupenda enseñanza de evitar el mal y de seguir siempre el buen camino, desde la niñez. Piensen que la religión, con sus mandatos, no es algo que pueda dejarse de lado, sino el verdadero consuelo, la única vía segura en todas las circunstancias, también en las más dolorosas de la vida. ¡Paz y bien!”.

 

 

Fuentes: Internet, Santos protagonistas de la vida de Ricardo Noceti, un delicioso libro que compré a los salesianos.