Antes de Margarita Alacoque el Sagrado Corazón de Jesús visitó a Sor María Cecilia Baij (conocida como la hermana Cecilia Baij y a quien el propio Jesús llamaba María de Jesús).

Leemos:

La Hermana Venerable María Cecilia Baij (1694-1766) es conocida por la visión de la Vida de San José revelada el 6 de Enero de 1736 en el Monasterio Benedictino de MONTEFIASCONE, Italia

Monasterio de San Pedro de las Monjas Benedictinas del Santísimo Sacramento en Montefiascone

Monasterio de San Pedro de las Monjas Benedictinas del Santísimo Sacramento en Montefiascone

Sor María Cecilia Baij nació en 1694 en Montefiascone, una ciudad montañosa a unas 60 millas al norte de Roma ubicada a orillas del lago de Bolsena (Italia). A los 20 años hizo sus votos religiosos con la comunidad benedictina de Montefiascone. Fue nombrada abadesa en 1743 y permaneció en el cargo hasta su muerte, a la edad de 72 años.

En sus oraciones en el convento, Sor Baij recibió tanto ataques del diablo como revelaciones místicas sobre la vida de Cristo, San José, la Sagrada Familia y San Juan Bautista, que luego, en obediencia a su confesor, describió en extensos manuscritos.

El convento benedictino de San Pedro permanece activo hoy más de 250 años después de la muerte de la religiosa.

  Sor María Cecilia Baij

Cecilia Beij nos trae a San José

Estatua y estampa de San José con el Niño

Los Padres del Santo

Habiendo Dios destinado como esposo de la Madre de su Unigénito al GLORIOSO SAN JOSÉ, quiso también que se asemejara mucho a la misma, tanto en sus orígenes, como en la patria y mucho mas en las virtudes de Ella, ocupándose el Altísimo de formarlo tal cual convenía para hacerlo digno esposo de la divina Madre.
El padre de San José era originario de Nazareth y la madre de Beier, y unidos estos en matrimonio se quedaron a vivir en Nazareth. Jacob se llamó el padre y Raquel la madre, personas de una vida muy santa e iguales tanto en la nobleza como en las virtudes. El padre fue de la estirpe y linaje de David; la madre fue de la misma descendencia.
Permitió Dios que sean por algún tiempo estériles, porque quería que nuestro José fuera hijo de oración, y por lo tanto sus padres hacían muchas limosnas a los pobres, como también en el templo de Jerusalén, a donde iban a menudo a orar para pedir a Dios la suspirada prole, y Dios no tardó mucho en consolarlos. Habiendo ido un día al templo para ofrecer muchas limosnas, la madre tuvo una gran Fe que Dios la habría escuchado y consolado. Al regresar de Nazareth concibió a nuestro José, y en ese tiempo se vieron sobre su casa tres resplandecientes estrellas, una de mayor sublimidad y resplandor que las otras, manifestando Dios con estas señales, como nuestro José debía formar la trinidad en la tierra y ser jefe de la Sagrada Familia. Sin embargo Dios permitió que no fuera conocido este prodigio, de modo que estuviera escondido el misterio y la suerte del Santo.

El secreto de las tres estrellas

Al estar pues la madre encinta de nuestro José experimentaba un gran consuelo y se iba siempre ejercitando en actos de mayor virtud.
Nuestro José con el alimento que le daba la madre, se empapaba también de las virtudes y devociones que ella practicaba, de modo que también desde el seno materno traía junto con el alimento las nobles virtudes de su buena madre. Luego creció mucho la virtud, la devoción y la alegría de sus padres, cuando Dios les revelo el oculto secreto por medio de un Ángel, que habló a ambos en sueño, esto es, manifiesto a la madre, como el niño que ella llevaba en su seno, habría de tener la suerte de ver al Mesías prometido y de tratar con Él; que sin embargo lo criará con gran precaución y cuidado. Que le pusiera el nombre de José, y que sería grande delante de Dios. Lo mismo dijo a su padre, también en sueño, ordenando sin embargo a ambos que guardaran oculto el secreto del Rey y que no lo manifestaran ni siquiera a su hijo, sino que solo lo hablaran entre sí para consuelo de su espíritu y para estar unidos ambos, agradecer a Dios y criar bien al niño, como también hacerlo instruir en la Sagrada Escritura. Llenos de alegría los padres de nuestro José por el misterioso sueño, se conversaron juntos acerca de lo sucedido, y al encontrarse dignos ambos del mismo sueño dieron cariñosas gracias a Dios y se animaron en la práctica de las más heroicas virtudes; y puesto que eran sabios y muy prudentes, conservaron dentro de sí el secreto, sin nunca manifestarlo a nadie, obedeciendo a cuanto el Ángel les había ordenado.
La madre luego se ejercitaba en el tiempo de su gravidez en ayunos, oraciones y abundantes limosnas, agradeciendo a Dios por el don que le había hecho de la suspirada prole y suplicando la ayuda divina, de modo que diera a luz con toda facilidad al niño. La madre llevo con gran dicha su gravidez, no siendo molestada demasiado por las acostumbradas angustias y padecimientos.
De todo daba gracias a Dios, reconociendo con mucha gratitud los divinos beneficios. Lo mismo hacía el padre de José, el cual gozaba mucho de la Gracia de Dios hecha a su esposa de llevar al niño con tanta facilidad y consuelo, y ambos daban gracias a Dios.

Fuentes: https://www.aciprensa.com/noticias/las-antiguas-visiones-de-una-monja-dan-nuevas-luces-sobre-san-jose-53741, http://www.monasterosanpietromontefiascone.com/index_file/Page423.htm, pixabay.com, Internet, etc.

Imprimir