Redescubriendo a los esenios

Los esenios eran un movimiento y comunidad judía, establecida probablemente desde mediados del siglo II a.C. tras la Revuelta Macabea, y cuya existencia hasta el siglo I está documentada por distintas fuentes.
Sobre el origen de la palabra «esenio» se han tejido varias hipótesis: puede provenir del vocablo griego «ὅσιος» (ossios: ‘santo’, ossa: ‘santos’), o ser una referencia al griego hasidei (‘piadosos’), en arameo hesé. Escritos árabes se refieren a ellos como magaritas (‘de las cuevas’). Se ha propuesto que el nombre proviene del hebreo asaim (עשים), esto es “hacedores”, ya que ellos decían “Si la Toráh lo dice, lo hacemos”, del verbo hacer=laasot (לעשות), y del plural en masculino=im (ים), griego era «εσσηνοι» (essenoi), «εσσαιοι» (essaioi) u «οσσαιοι» (ossaioi). Se sostiene también que el nombre proviene de la palabra siriaca “Asaya”, médicos; en griego, terapeutas; porque su único ministerio, para el público, era el de curar las enfermedades físicas y morales. “Estudiaban con gran cuidado, dice Josefo, ciertos escritos de medicina que trataban de las virtudes ocultas de las plantas y de los minerales”

Localización de Qumran

En Qumran se descubrieron los llamados Rollos del Mar Muerto

Durante mucho tiempo fueron conocidos solo por las referencias de autores antiguos, tales como Plinio el Viejo, Flavio Josefo, Filón, Dión Crisóstomo, Hipólito de Ostia y Epifanio de Constancia, aunque para algunos estudiosos, los esenios eran un grupo de ascetas que vivían aislados en comunidades separadas. Probablemente la mayoría de los varios miles de miembros del credo vivían en pueblos y ciudades y una importante comunidad esenia vivía en Jerusalén, en cuyas murallas se encontraba la «puerta de los esenios», que ha sido encontrada ya por los arqueólogos

Tras la Revuelta Macabea (166-159 a. C.), que habían apoyado pero cuyos resultados finales no compartieron, se retiraron al desierto para «preparar el camino del Señor», bajo el mando de un nuevo líder, el Maestro de Justicia.

Si alguien deseaba ser miembro de la comunidad (yahad) debía ser instruido, aceptado y luego pasar dos años de prueba para ingresar definitivamente. A los que hacían el juramento y entraban en la comunidad se les exigía una vida entera de estudio de la Ley, humildad y disciplina. No volvían a jurar, pues estaban obligados a decir siempre la verdad. Sus bienes pasaban a ser parte de toda la comunidad y, al igual que los frutos del trabajo personal, se distribuían según las necesidades de cada uno, dejando una parte para auxiliar a pobres, viudas, huérfanos, mujeres solteras de edad, desempleados, forasteros y esclavos fugitivos que, sin ser integrantes de la comunidad, requirieran ayuda ( Nota: notese la similitud en Hechos 2:44-45 Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno ). Se imponía también la observancia de un estricto código de disciplina, cuya base era la corrección fraterna mutua. Por lo general, las mujeres no eran aceptadas dentro de la comunidad, y los hombres practicaban el celibato toda su vida, aunque según Josefo, una parte de los esenios sí permitían el matrimonio y entre las normas de Qumrán se reconoce claramente la opción de casarse, pero se exige monogamia estricta para todas las personas, incluso los reyes.
Administraban la interpretación última de la Ley que había sido revelada a su fundador, a quien se hace referencia en sus escritos como el Maestro de Justicia. Este personaje, del que se especula más gracias a los manuscritos del Mar Muerto, actuó hacia el 150 a. C.
Sus seguidores marcharon a Qumrán, sitio que los integrantes de la comunidad llamaron Damasco.
“Es la fuente de la ley. Los que la abrieron son los penitentes de Israel que salieron de Judá y emigraron Damasco. A todos ellos Dios los llamó príncipes por haberse mantenido fieles en su seguimiento.”
Documento de Damasco
El esenismo no se limitó a Qumrán. Se sabe que en el siglo I en Jerusalén había un barrio esenio. Muchos esenios ―unos 4000, según Flavio Josefo―, vivían en las ciudades, de una forma particular, pacifista, en comunidad de bienes, manifestando su doctrina. Según este autor, parte de los esenios no se casaban, pero otros por el contrario sí lo hacían. Entre estos últimos estaban los de Qumrán, que debían contraer matrimonio a la edad de 20 años.

La comunidad de Qumrán se autosostenía con los trabajos agrícolas. En las ruinas es notable el número de depósitos de agua. Estos eran imprescindibles para las necesidades físicas de la comunidad en medio del desierto, pero también desempeñaban una parte importante de su ritual.
Se ha especulado con que Jesús de Nazaret y Juan el Bautista tenían relación con ellos o incluso pertenecían al credo: parece que Juan el Bautista y tal vez también Jesús y su familia fueron cercanos a esta comunidad. En cualquier caso, en los manuscritos de Qumrán hay múltiples puntos de contacto con el mensaje cristiano. No puede descartarse que Juan el Bautista viviera un tiempo en esta comunidad y haya recibido en ella, en parte, su formación religiosa

Entre ellos se ha querido ver el germen del cristianismo y Ernest Renán llegó a escribir que «el cristianismo fue en gran medida el esenismo triunfante». Quienes niegan la relación entre Jesús y los esenios citan una referencia en el evangelio de Juan 10, 22-23., donde habla que Jesús asistió a la Fiesta de la Dedicación (o Jánuca), de la cual se cree que los esenios no participaban

Respecto a si Jesús perteneció a la congregación de los esenios o compartió sus puntos de vista, se sabe por los evangelios sinópticos que es posible que Jesús haya celebrado la Pésaj (Pascua judía) en la fecha indicada en el calendario seguido en Qumrán, ya que los mismos indican claramente que la última cena fue una celebración de Pascua (Mateo 26, 17-19., Marcos 14, 12-16., Lucas 22, 7-15.) y además que la unción de Betania ocurrió dos días antes de la fiesta de los panes sin levadura y la Pascua (Marcos 14, 1-9.), mientras que el evangelio de Juan indica que la unción de Betania fue seis días antes de la Pascua (Juan 12, 1.) y Jesús murió el día anterior a la Pascua oficial (Juan 16, 31.). La Biblia, sin embargo, no menciona el término «esenio»; tampoco se ha encontrado una fuente histórica en hebreo o arameo que designe a alguna comunidad o credo con el nombre griego de «esenios», y los rollos de Qumrán usan designaciones como «comunidad de los santos», «congregación de los pobres» y «asamblea de los numerosos»

En el siglo XIX, los esenios fueron popularizados por los escritos del espiritista Allán Kardec (1804-1869) y la teósofa Madame Blavatsky (1831-1891), así como a inicios del siglo XX los escritos de Josefa Luque (1893-1965)

Según The Interpreter’s Dictionary of the Bible, los esenios eran aún más exclusivos que los fariseos y «a veces podían ser más farisaicos que estos mismos». Sin embargo, mientras los fariseos, para salvar una propiedad, permitían que en sábado se sacara de un pozo a una res accidentada («vosotros» Mateo 12, 11.), pero se oponían a curar a las personas en sábado, los esenios en cambio se oponían a rescatar una vaca de un pozo el sábado,21​ pero a la vez si se trataba del accidente de una persona un sábado, exigían quitarse las ropas y rescatar con ellas a quien fuera que hubiera caído al agua, inmediatamente, el mismo sábado.22​ (Documento de Damasco XI:12-15).

Los manuscritos del Mar Muerto

Además de los libros de Nag Hammadi el estudioso contemporáneo dispone de los rollos encontrados en 1947 en las cercanías del Mar Muerto. Los siete grandes manuscritos conocidos como los textos de Qumran, son los siguientes:

La regla de la Comunidad, La Regla de la Guerra, Los himnos, La Regla de la Congregación, La colección de bendiciones, Interpretaciones de profetas y de salmos, El Apócrifo del Génesis ( Nota: apócrifo en este caso no quiere decir falso: se denominan así a los textos extracanónicos, es decir a los no incluídos en el cánon bíblico, esto es a los que no están en la Biblia )
Permiten definir de modo aproximado lo histórico del esenismo (Nota: por esenios, secta judía precursora del cristianismo*) y sus finalidades religiosas.

La regla de la Comunidad es indudablemente la primera obra redactada por la secta. Su autor es indiscutiblemente el “Maestro de Sabiduría”, quien se designa así a sí mismo y establece los cimientos de una Comunidad basada en una Nueva Alianza*.
Este documento parece bastante anterior al 110 antes de nuestra era, època de las presecusiones que iban a sufrir rápidamente los esenios en Israel.

La Regla de la guerra – también titulada “La guerra de los Hijos de la Luz contra los Hijos de las Tinieblas” – reglamenta de una manera a la vez utópica y realista la estrategia que los esenios deben aplicar para aniquilar a todos sus enemigos, judíos o paganos, y establecer el reino de Dios. Es una obra bastante extraña, algo así como una “liturgia de la guerra santa”. El autor sigue siendo indudablemnte el “Doctor de Justicia”. Vuelven a hallarse elementos teológicos de esta regla de la guerra en San Pablo.

Los Himnos son la obra más bella del Maestro de Sabiduría esenio. Habla en primera persona. Se ve que no es el fundador de la secta, pero la Comunidad se ha convertido ya en su obra. Habla a Dios, al que considera su “padre” y define la misión que le ha sido confiada. Desarrolla detenidamente su doctrina espiritual, de origen bíblico, pero muy avanzada en el camino de la evolución, sino inclusive de la metamorfosis ( Nota: recuérdese la Palabra de Jesús “el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios” Jn 3,3 )

La Regla de la Congregación, manuscrito bastante breve, pertenece también al Doctor de Justicia y parece haber sido redactada al mismo tiempo que La regla de la guerra. Prevé la organización de una vasta “Congregación”, agrupada alrrededor del núcleo puro de la “Comunidad”. Insiste mucho en el “consagrado de Israel”, en el “consagrado de Justicia”, en el “vástago de David” y en comidas más o menos rituales.

La colección de bendiciones es un manuscrito muy dañado. El autor es siempre el Doctor de Justicia. Se trata de poemas solemnes y líricos.

Las interpretaciones de profetas y salmos desconciertan al lector moderno: el “pesher” no es ni un comentario, ni una exégesis, ni una pará frasis, sino realmente una “interpretación” que se basa en las más de las veces en el sentido de las palabras o hasta solamente su apariencia formal- Este manuscrito parece escrito a la gloria del Doctor de Justicia, inspirado por Dios para que transmita Su Palabra. Basados en estas interpretaciones, algunos estudiosos han hecho del Doctor de Justicia el prototipo de Cristo.

El apócrifo del Génesis es un “midrah”, término que designa las obras de investigación sobre las Escrituras: el Génesis está enriquecido aquí con detalles nuevos, como en los apócrifos clásicamente conocidos, e incluye pasajes apocalípticos. El testo parece datar de mediados del primer siglo anterior a nuestra era.

A estos siete manuscritos conviene unir el Documento de Damasco. Se trata de dos manuscritos descubiertos en 1910 por S. Schechter en la gueniza de una sinagoga del viejo El Cairo. Datan de antes del año 70 de nuestra era- En la época de su descubrimiento ya se había sospechado que tenían que ver con los esenios. Desde entonces han adquirido todo su sentido. Este documento ofrece la regla de la Comunidad esenia salida de Qumran y establecida en Damasco, pero sobre todo hace la historia de la secta, nacida en el 197 antes de nuestra era; vegetó durante una veintena de años, hasta la llegada del Doctor de Justicia. Fue al parecer él quien luego instaló a sus fieles en Damasco. Había muerto 40 años antes de la redacción de este documento. Su figura se había hecho en gran parte profética. Este documento habla, además, de la “Nueva Alianza en el país de Damasco” y de las esperanzas mesiánicas de la secta.

En estos textos de Qumran, anteriores a Jesús, descubrimos aspectos de la secta de los esenios que son semejantes a las ideas y ritos cristianos. A título de ejemplo, mencionaremos tres de ellos.

La revelación

“Te doy gracias a causa de las cosas ocultas —dice el Doctor de Justicia a Dios en los Himnos—. Has revela­do a mis oídos Tus secretos maravillosos. Has hecho comprender al ser de carne el tiempo del oráculo. Mode­lado como estoy en arcilla… ¿a título de qué… has gra­bado los acaecimientos eternos en el corazón de Tu ser­vidor?”. En un análisis de los Himnos, J. Carmignac declara: “Después del exterminio inicial de todos los im­píos, el mundo disfrutará de una paz eterna en el perfec­to servicio a Dios. Será para el autor y para los justos el tiempo de la alegría, cuando la justicia y la fidelidad de Dios brillarán ante los ojos de todas las criaturas. Es la previsión de esta era de paz definitiva lo que reconforta al autor en medio de sus tribulaciones: más tarde, su Comunidad producirá frutos maravillosos en un mundo paradisíaco”

Doce fueron los apóstoles

Se lee en La regla de la Comunidad: “En la finalidad perseguida por la Comunidad, doce hombres y tres sacerdotes, perfectamente al tanto de todas las verdades reveladas a partir de toda la Ley, estarán destinados a practicar fidelidad, justicia, derecho, caridad benévola, humildad de conducta, cada cual hacia su prójimo; a guardar la fidelidad en el país por un carácter firme y un espíritu modesto, a expiar el extravio gracias a quienes practican el derecho y padecen la angustia de la hoguera y a comportarse según la medida de la fidelidad y según la norma del tiempo”. Volvemos a encontrar la cifra de doce —o de diez— hombres en numerosos lugares.
Parece, por lo demás, que la Comunidad propiamente dicha sólo incluía a estos diez o doce hombres.

La comunión

En La regla de la Comunidad se dice que cuando ,diez hombres que compartan el ideal de la Comunidad vayan a preparar la mesa para comer o para beber el vino dulce, el sacerdote intervendrá primero para bendecir al comienzo el pan y el vino”.
Y en La regla de la Congregación se dice textualmente: “Si se reúnen en torno de un mesa común, para beber el mosto y preparar la mesa, no será servido el mosto para beber ni nadie tenderá la mano hacia las primicias del pan y el mosto y tender la mano hacia el pan él primero; luego, el Consagrado de Israel tenderá las manos hacia el pan; y, seguidamente, toda la Congregación de la Comunidad bendecirá, cada uno según su dignidad”.
Flavio Josefo, en La guerra de los judíos, precisa que los esenios se ponían para estas comidas ropas que eran como mantos sagrados. “Para la gente de fuera —dice—, el silencio de la gente del interior hace el efecto de la celebración de un misterio temible”.
Se plantean otras muchas cuestiones en relación con el bautismo, la resurrección de los cuerpos, la iglesia fundada sobre una “roca”, etc.
El análisis a fondo de los documentos esenios no ha terminado de entregar sus secretos.

Fuentes: Paradigmas y Wikipedia