Textos inspiradores

San Martín de Tours, Patrono de Buenos Aires elegido por Dios

El greco : San Martín y el mendigo

San Martín y el mendigo, pintado por El Greco en 1597

Estampa de San Martín de Tours Patrón de Buenos Aires

El soldado Martín detuvo su caballo y se quedó mirando al mendigo

que le pedía una limosna por el amor de Nuestro Señor Jesucristo,

y vio que tenía los ojos de los que han llorado y llorado desde niños,

y vio que tenía las manos de los que solamente saben este oficio,

y vio que tenía los pies de los que no conocen sino este camino.

Y vio que tenía la boca de los que no han dicho palabras de cariño,

y vio que tenía la frente de los que no saben dónde hallarán arrimo,

y vio que aquel cuerpo sediento y hambriento estaba casi aterido de frío,

y vio que el alma de aquel cuerpo también carecía de alimento y abrigo.

El soldado Martín detuvo su caballo y, después de mirar al mendigo,

contempló la dulce campiña, los arboles, los pájaros, el cielo y el río,

feliz cada cual en su mundo, feliz cada cual en sus límites estrictos,

feliz cada cual en el orden impuesto a las cosas por el dedo infinito,

menos el hombre sin amparo que le podía una limosna en el camino

y aunque Martín aún no había recibido las santas aguas del bautismo

que lavan el entendimiento para que refleje los misterios divinos,

(aunque Martín era soldado de Roma todavía no lo era de Cristo),

comprendió toda la miseria, comprendió todo el horror del hombre caído,

y comprendió también que aquella debilidad provenía del hombre mismo

y no de Dios, que todo, todo, lo había creado fuerte, feliz y limpio.

El soldado Martín detuvo su caballo y, volviendo a mirar al mendigo,

pensó en el valor que tendría la naturaleza humana en el plan divino,

pensó en el valor que tendría la naturaleza de aquel ser desvalido,

cuando, para restaurarla, fue menester que lo grande se hiciera chico,

que lo infinito se volviera finito, que lo eterno tuviera principio,

que la causa se hiciera efecto, que lo absoluto se volviera relativo,

que se ofreciera en sacrificio nada menos que la Palabra de Dios vivo;

y al pensar en esto el soldado, no teniendo con qué socorrer al mendigo,

como aquella causa era justa, desenvainó la espada que llevaba al cinto,

rasgó por el medio su capa, le alargó la mitad v siguió su camino,

llevando la otra mitad para cubrir espiritualmente al pueblo argentino,

que, con el andar de los años, había de nacer aquí, donde nacirnos.

 

¿ Quién es San Martín de Tours ?

San Martín de Tours (Sanctus Martinus Turonensis en latín) (Sabaria, Panonia; actual Szombathely, Hungría, 316 – Candes, actual Candes-Saint-Martin, Francia, 397) fue un obispo católico de Tours elevado a santo, patrón de la ciudad de Buenos Aires y otros lugares

Recibió su educación en Pavía, ingresó con 15 años en la guardia imperial romana, en la que sirvió hasta el año 356 en la provincia de la Galia (actual Francia).

La leyenda más famosa en torno a su vida sucedería en el invierno de 337, cuando estando Martín en Amiens encuentra cerca de la puerta de la ciudad un mendigo tiritando de frío, a quien da la mitad de su capa, pues la otra mitad pertenece al ejército romano en que sirve. En la noche siguiente, Jesús se le aparece vestido con la media capa para agradecerle su gesto. Esta es la escena que iconográficamente se ha preferido para su representación.

Martín decide entonces dejar el ejército romano y convertirse.

La célebre historia de San Martín de Tours y el origen de la palabra capilla

Leemos en http://historiaconminusculas.blogspot.com/2014/11/el-origen-de-la-palabra-capilla.html

A principios del siglo IV, un joven soldado romano llamado Martín cabalgaba solo envuelto en una terrible ventisca de nieve. Cuando estaba a punto de llegar a la ciudad de Amiens, un pobre leproso salió de una cabaña que estaba a un lado del nevado camino y le pidió que le diera algo para no morirse de frío y hambre. El joven Martín refrenó su montura y le dijo entre lágrimas que poca cosa podía ofrecerle ya que no llevaba alimento alguno y el caballo no era de su propiedad pues le pertenecía al ejército romano. Lo único que podía darle era un trozo de su capa para protegerse del viento gélido. Sin dilación desenvainó su espada y cortó la mitad de su capa. Acto seguido volvió a montar y se alejó de aquellas pobres chabolas. Pero en cuanto el leproso se echó por encima aquel remiendo comenzó a sentir un calor tan placentero que pronto se olvidó de sus penurias. Con asombro vio que las llagas de su cuerpo se cerraban y quedaba totalmente curado. Los leprosos que estaban cerca se dieron cuenta de aquel milagro y le pidieron a su amigo que les diera otro trozo para curarse también, pero cada vez que la cortaban se maravillaban al ver que aquella capa divina no menguaba, sino que seguía quedando intacta pudiéndose de esta manera curar todos. Con el tiempo la noticia de este milagro se extendió por todos los lugares y pronto comenzó a construirse pequeños santuarios para conservar los trozos de la capa del soldado romano. Recuerde el lector que en latín capa se escribe cappa, y que su diminutivo es cappellae. Y de ahí precisamente proviene la palabra castellana capilla, es decir lugar donde se guarda un trozo de capa pequeña. Pero ¿qué fue del joven Martín? Según parece cuando se topó con el leproso iba camino de bautizarse. Con 22 años abandona la carrera militar y se dirige a Hungría donde consigue la conversión de su madre. Tras ello viaja a Milán y Roma, y acaba fundando un monasterio en Poitiers, aunque tiene que dejarlo al ser nombrado obispo de Tours. Es por eso que en sus predicas y conversiones por toda Francia es conocido como San Martín de Tours. Murió en Candes en el 397 y fue sepultado en la ciudad de Tours, donde es venerado por todos los católicos franceses.

La elección del patrono de la ciudad de Buenos Aires recae en San Martín de Tours, muy a pesar de todos

Leemos: En la metrópoli (España), la elección de los santos patronos era una decisión de gran responsabilidad, acompañada a veces de ceremonias a las que no les faltaba boato. Pero cuando las ciudades por patronizar no eran de importancia, como la lejana Buenos Aires, un puerto de contrabandistas enclavado en tierras inhóspitas y deshabitadas, bastaba con introducir los nombres de todos los santos en una bolsa de terciopelo negro para que fuera el azar quien decidiese. Fue así que en una de las primeras reuniones que realizó el Cabildo de Buenos Aires se eligió a SAN MARTÍN DE TOURS como patrono de la ciudad. La leyenda dice que cumpliendo la tradición, para elegir al patrono se pusieron distintos nombres de santos dentro de un sombrero, con el fin de que el azar decidiera. El primer nombre extraído correspondió a San Martín de Tours, pero como no era un santo español, los ediles lo rechazaron y volvieron a sacar otro nombre, que fue nuevamente el del santo. Rechazado por segunda vez, se extrajo otro nombre con el mismo resultado. Tres veces seguidas, inauditamente, había salido el papelito con el nombre de San Martín de Tours, un santo sin mayor renombre. Asombrados por este hecho, los presentes decidieron entonces, proclamarlo patrono de la ciudad de Buenos Aires, sin tan siquiera imaginar, que lo que la bolsa negra de paño, había decidido el nombre del general que libertaría aquellas tierras.

 

Fuente: Poesía argentina de inspiración religiosa. Antología. Compilador: Arturo López Peña; historiaconminusculas.blogspot.com; elarcondelahistoria.com, Wikipedia

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