Celebramos el día de la Santa Humildad; celebramos el día de Dios hecho Hombre. Mortales de barro: no son las riquezas, la vanagloria, los placeres…, las monedas que no se devaluarán. Es la Moral la moneda del Universo de Dios, imperecedera y eterna.

¡ Gloria eterna al Padre, al Hijo y a su Madre !

Porque un Niño nos es nacido, un Hijo nos es dado, y el dominio estará sobre su hombro. Se llamará su nombre: Admirable Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Isaías 9:6

Pero tú, Belén Efrata (Casa del Pan), aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad. Miqueas 5:2

Por tanto, el Señor mismo les dará esta señal: Una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel (Dios con nosotros). Isaías 7:14

Reyes Magos

Belen Jesus Maria y Jose

En el humilde Belén o Pesebre, un humilde hijo de labriegos ofrece un humilde regalo al Humilde Dios hecho Hombre, Hijo de humildes judíos; la Humilde María, luego Reina del Cielo y el Humilde José, obrero de la madera, padre adoptivo, hoy Santo Custodio de la Salvación. La santa Imagen de la Humildad.

La Basílica y la Gruta de la Natividad en Belén

Belén

Belén

La Basílica de la Natividad de Belén, contiene debajo de su altar, la Gruta de la Natividad, el lugar donde nació Jesús.

La ciudad de Belén, cuyo nombre significa “la casa del pan”, está situada a 8 km al sur de Jerusalén. A comienzos del siglo I, Belén era una aldea que no superaba los 1000 habitantes. Estaba formada por un pequeño conjunto de casas diseminadas por la ladera de una loma y protegidas por una muralla que estaba en malas condiciones de conservación, o incluso desmoronada en buena parte, ya que había sido construida casi mil años antes. Sus habitantes vivían de la agricultura y la ganadería. Tenía buenos campos de trigo y cebada en el extenso llano al pie de la loma.

Asi relata San Lucas en su Evangelio:

“En aquellos días César Augusto había promulgado un edicto para que se empadronase toda la población. Este primer empadronamiento fue hecho cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse, cada uno a su ciudad. José, como era de la casa y familia de David, subió desde Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David llamada Belén, en Judea, para empadronarse con María, su esposa, que estaba embarazada”. (Lc 2, 1-5).

Unos 150 km separaban Nazaret de Belén. El viaje resultaría especialmente duro para María, en el estado en que se encontraba.

Las Escrituras cuentan que Jesús nació en una gruta de Belén; los vecinos aprovechaban las cuevas naturales como almacenes y establos, o bien las excavaban en la ladera. En una de estas grutas, nació Jesús.

“Y sucedió que, estando allí, le llegó la hora del parto, y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada” (Lc 2, 6-7)

La primera iglesia de la Natividad

Sobre la cueva, conocida como “la Gruta”, donde la Virgen María dio a luz a Jesús, por orden del emperador Constantino y su madre Helena, fue construida una primera iglesia que luego fue destruida durante la rebelión samaritana de 529.

La segunda iglesia de la Natividad

Cuando se restableció la paz, Belén fue fortificada y el emperador bizantino Justiniano reconstruyó el edificio que perdura hasta la actualidad.

A pesar que Belén sufrió a lo largo de la historia distintas invasiones , en las cuales fueron destruidos otros lugares de Tierra Santa, esta iglesia permaneció intacta. Intuimos la Providencia en este relato: se cuenta que los persas, que en el año 614 asolaron casi todas las iglesias y monasterios de Palestina, sin embargo respetaron la basílica de Belén al encontrar en su interior un mosaico donde los Reyes Magos estaban representados vestidos a la usanza de su país. Igualmente, el templo salió casi incólume de la violenta incursión en Tierra Santa del califa egipcio El Hakim, en el año 1009, así como de los furiosos combates que siguieron a la llegada de los Cruzados en 1099.

La Basílica de la Natividad es la iglesia más antigua del mundo que aún está en pie.

Exterior de la Basílica

Desde la plaza que hay delante de la basílica, el visitante tiene la impresión de hallarse frente a una fortaleza medieval: gruesos muros y contrafuertes, con escasas y pequeñas ventanas. Se entra por una puerta tan diminuta que obliga a pasar de uno en uno, y aun así con dificultad: es preciso inclinarse bastante, por ese motivo es llamada “Puerta de la Humildad”.

Sobre esta pequeña puerta de acceso al templo, en su homilía durante la Santa Misa de la Nochebuena de 2012, Benedicto XVI dijo :

«Quien quiere entrar hoy en la iglesia de la Natividad de Jesús, en Belén, descubre que el portal, que un tiempo tenía cinco metros y medio de altura, y por el que los emperadores y califas entraban al edificio, ha sido en gran parte tapiado.
Ha quedado solamente una pequeña abertura de un metro y medio. La intención fue probablemente proteger mejor la iglesia contra eventuales asaltos pero, sobre todo, evitar que se entrara a caballo en la casa de Dios. Quien desea entrar en el lugar del nacimiento de Jesús, tiene que inclinarse.
Me parece que en eso se manifiesta una cercanía en esta Noche santa: si queremos encontrar al Dios que ha aparecido como niño, hemos de apearnos del caballo de nuestra razón “ilustrada”. Debemos deponer nuestras falsas certezas, nuestra soberbia intelectual, que nos impide percibir la proximidad de Dios”

(Benedicto XVI, Homilía, 24-XII-2011).

El interior: la gruta de la Natividad

La basílica –con planta de cruz latina y cinco naves– tiene una longitud de 54 metros. Las cuatro filas de columnas, de color rosáceo, le dan un aspecto armonioso. En algunos lugares, es posible contemplar los mosaicos que adornaban el pavimento de la primitiva iglesia constantiniana; en las paredes, también se han conservado fragmentos de otros mosaicos que datan de los tiempos de las Cruzadas.

Mosaicos de la época constantiana

Mosaicos de la época constantiana descubiertos durante una excavación en 1934

Pero el centro de esta gran iglesia es la Gruta de la Natividad, que se encuentra bajo el presbiterio: tiene la forma de una capilla de reducidas dimensiones, con un pequeño ábside en el lado oriental. El humo de los cirios, que la piedad popular ha puesto durante generaciones y generaciones, ha ennegrecido las paredes y el techo. Allí hay un altar y, debajo, una estrella de plata que señala el lugar donde Cristo nació de la Virgen María. La acompaña una inscripción, que reza: Hic de Virgine Maria Iesus Christus natus est.

La estrella indica el lugar del nacimiento de Jesús

La estrella indica el lugar del nacimiento de Jesús

salvacion

El pesebre donde María acostó el Niño, tras envolverlo en pañales, se encuentra en una capillita anexa. En realidad es un hueco en la roca, aunque hoy está recubierto de mármol y anteriormente lo estuvo de plata. Enfrente, hay un altar llamado de los Reyes Magos, porque tiene un retablo con la escena de la Epifanía.

altar-reyes-magos

Altar de los Reyes Magos

Jesús el Ejemplo: la Puerta de la Humildad por la que hay que pasar

La llamada "Puerta de la Humildad", acceso a la Gruta de la Natividad

La llamada “Puerta de la Humildad”, acceso a la Gruta de la Natividad

Se denominó Puerta de la Humildad porque es tan pequeña que hay que agacharse para entrar. Así nadie puede traspasarla sin inclinarse ante Dios.

Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; Mateo 7:13

Unamuno y la Inspiración

Sobre esta Puerta de la Humildad son célebres los versos del poeta español Miguel de Unamuno:

Agranda la puerta

Agranda la puerta, Padre,
porque no puedo pasar;
la hiciste para los niños,
yo he crecido a mi pesar.

Si no me agrandas la puerta,
achícame, por piedad;
vuélveme a la edad bendita
en que vivir es soñar.

Gracias, Padre, que ya siento
que se va mi pubertad;
vuelvo a los días rosados
en que era hijo no más.

Hijo de mis hijos ahora
y sin masculinidad
siento nacer en mi seno
maternal virginidad.

Al que quiera deleitarse con la metáfora de la niñez como el Paraíso perdido le recomiendo “La novela de un novelista”, del escritor español Armando Palacio Valdés. Transcurre en una época en que la religión se empieza a poner en duda pero todavía los cristianos tienen un tierno candor y es una delicia ese otro paraíso perdido en contraste con la época que nos tocó vivir. ¡ Volvamos al paraíso ! ¡ Vuelve Argentina ahora que tienes profeta, santo y Papa ! ¡ Vuelve mundo de tus armas atómicas y de toda laya ! La Misericordia de Jesús nos aguarda.

Fuentes: El rostro en el espejo: lecturas de Unamuno (de Armando López Carrasco ), pixabay.com, Wikipedia, Aleteia, Catholic Net, Custodia.org, Internet

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