Le debemos al padre Federico Grote, nada más y nada menos, que las populosas peregrinaciones a Luján.

“Aprendió que el trabajo del sacerdote a favor de las conquistas económicas para los trabajadores, no es sino una cuestión subsidiaria del problema esencial, salvar las almas”.

Grote tenía dos grandes amores: la Iglesia y los obreros. Fue el primero en realizar peregrinaciones al Santuario de la Santísima Virgen de Luján.

Frases del padre Grote

La acción social a favor del obrero, es decir, los esfuerzos para promover con toda clase de medios lícitos el bienestar temporal y moral de los obreros no era, pues, en mi intención el fin último que me proponía, sino más bien un medio para alejar a los obreros de los antros de perdición y ponerlos bajo el influjo saludable de la iglesia. P. Federico Grote

“Escuché la voz de Dios y ya nada fue capaz de detenerme”
El p. Grote al pronunciarse la Encíclica Rerum Novarum de León XIII

Federico Grote nació en Münster, Confederación Germánica -actualmente Alemania- el 16 de julio de 1853 y falleció en Buenos Aires, República Argentina el 30 de abril de 1940; fue un sacerdote redentorista alemán que emigró a la Argentina en 1884 y dedicó su vida al Evangelio y a difundir el socialcristianismo en el país.
Los redentoristas pertenecen a la Congregación del Santísimo Redentor (C.Ss.R.), que es un instituto de vida consagrada, una comunidad religiosa masculina de derecho pontificio y exenta, fundada el 9 de noviembre de 1732 por san Alfonso María de Ligorio en Scala, cerca de Nápoles ( Italia ), y aprobada por la Santa Sede en 1749.

Federico Grote

Padre Federico Grote, iniciador del pensamiento católico obrero en Argentina

Biografía de Federico Grute

Grote nació el 16 de julio de 1853 en Münster de Wesfalia (Alemania), hijo de José Grote, tipógrafo y dueño de una imprenta y Elisabeth Herbst, ama de casa.
Cursó sus estudios secundarios en uno de los más prestigiosos establecimientos de Alemania: el Gymnasium Paulinum.

Fue ordenado sacerdote el 8 de junio de 1878. Al año siguiente se trasladó como misionero a América.
En 1870 ingresa al noviciado de la Provincia de la Baja Alemania de la Congregación del Santísimo Redentor, ubicado en Tréveris.

Fue ordenado sacerdote el 8 de junio de 1878. Al año siguiente se trasladó como misionero a América. Permaneció cinco años en Ecuador, y llegó a Buenos Aires en 1884.

Detalles de su vida

A la edad de 12 años realiza su Primera Comunión “…sabía bien lo que hacía. Para entonces era yo casi un teólogo en miniatura. Aquel día primaveral, radiante de luz y sonoro con los aleluyas de la pascua florida, fui del todo feliz.”
Vivieron plácidamente hasta que la temprana muerte de su padre irrumpió como una tempestad. “El invierno que siguió a la muerte de mi padre fue el más frío y melancólico que recuerdo. Mi madre devoró a solas su desolación, y su ternura para con los tres hijitos se acrecentó, tratando de suplir la del ausente.
Sentí nacer en mí un nuevo sentido: el de la responsabilidad… El deseo de ser útil a mi madre me impulsó al trabajo.”
En 1866 se inicia la guerra entre Prusia y Austria, y éste fue el marco de una de los hechos más importantes de su vida. Dada la falta de cuarteles suficientes para las tropas, las autoridades militares disponen que cada familia aloje a un soldado. De esta manera conoce a Enrique Kamp y a su amigo Antonio Stockhausen. Antonio se había visto obligado a abandonar el noviciado de los redentoristas para obedecer la orden que lo convocaba a la filas del ejercito. Este hombre fue clave en la vocación de Grote, por su conducta edificante que le inspiraba afecto y veneración, y fundamentalmente, por su testimonio de amor a la vida consagrada.
“Nos hablaba con entusiasmo de San Alfonso…del admirable espíritu religioso que reinaba en la congregación ligoriana…era tan íntima e intensa la dicha que nos revelaba haber experimentado en su vida sencilla y humilde, que tanto a Enrique como a mí nos encendió en deseos de seguir la senda que a él le había conducido al remanso de felicidad que con tanto entusiasmo describía. Me aconsejó Antonio que sólo al término del bachillerato solicitara mi ingreso en la Congregación como aspirante al sacerdocio.”
En 1870 ingresa al noviciado de la Provincia de la Baja Alemania de la Congregación del Santísimo Redentor, ubicado en Tréveris.
“Cuando mis recuerdos toman la dirección de aquel 12 de octubre de 1870, en que por seguir la vocación divina, abandoné mi casa, surge en mi memoria la escena evangélica: ‘lo hemos dejado todo por seguirte’…lo que para mí valía más que todo: aquellos tres seres que eran mi mismo corazón, fundidas nuestras almas en el hogar probado y victorioso. Mi madre había aprendido mucho de la dura escuela de la experiencia, y en los últimos meses había visto a demasiadas madres llorar la partida de sus hijos camino del campo de batalla. ‘Hijo mío -me decía-, a los otros se los lleva el Rey a la guerra de Francia, y acaso a la muerte. A ti te lleva Dios a la paz de su casa y a la vida verdadera.’ Era una santa mujer que lo veía todo con los ojos de la fe y el amor. Y era por amor que no pensaba en sí misma, sino en la felicidad del hijo que se le iba… Todo el transcurso del noviciado fue para mí un año de cielo. Aquel año aprendí a construir el cimiento de todo lo que he vivido hasta hoy.”

A los 18 años cursa sus estudios superiores en María-Hamicolt, en la Baja Alemania, a 20 Km. de Münster. Durante este período, el canciller Otto von Bismarck emprendió una importante reforma militar para llevar a cabo sus planes de unificación. Durante los diecinueve años que se mantuvo en el poder, el Canciller de Hierro llevó a cabo una política conservadora, enfrentándose inicialmente a los católicos y combatiendo a la socialdemocracia.

El 15 de septiembre de 1873 parten expulsados, en una acción dictatorial del canciller Bismark hacia la casa religiosa que ya estaba dispuesta en Luxemburgo, donde se ordena sacerdote el 8 de junio de 1878. “Cuando después de recibir la unción sacerdotal oí cantar el himno ‘Tu es sacerdos in aeternum’ -eres sacerdote para toda la eternidad- mis ojos se llenaron de lágrimas. Comprendí mi grandeza y mi responsabilidad. Tenía 25 años. Sabía perfectamente que el sacerdocio posee la grandeza abrumadora del poder más inaudito y de la cruz más pesada…” Grote comparte ese momento con su madre y sus hermanos: esta fue la despedida final. Pocos meses después su madre fallece sin poder volver a verla, dada la imposibilidad política de regresar a su país. Por este tiempo, su hermana Francisca es admitida en la Congregación de las Hermanas del Buen Pastor.
Grote admiraba y tomaba como modelo la figura de monseñor Ketteler, también originario de Münster, particularmente cuando proclamaba los grandes principios de la libertad, la justicia y la caridad. Según Grote, aprendió de él que el trabajo del sacerdote a favor de las conquistas económicas para los trabajadores, no es sino una cuestión subsidiaria del problema esencial, salvar las almas.

Después del segundo noviciado de seis meses, propio de los redentoristas, le comunicaron su primer destino: Ecuador. A fines de octubre de 1879 viaja a París, Francia, desde donde emprende su viaje a América.
“Estábamos dispuestos a ir a cualquier parte del mundo adonde nos destinara la obediencia. Cuando oí pronunciar el nombre del Ecuador como país de residencia para mí, me asusté un poco. Pero me rehice al punto. A la primera irreprimible y momentánea sensación de susto del sajón que vive en mis venas, se sobrepuso inmediatamente el amor. Desde aquel mismo día amo al Ecuador. Hoy lo amo con la ternura con que se ama el país en que uno ha visto cumplidas las primeras ilusiones de la juventud y ha regado los primeros afanes fecundos de la vida”.

Consistió en el estudio del idioma castellano y de la lengua de los incas, el quechua, que llegó a dominar por completo. Es testigo de los frutos logrados por la predicación en quichua: desde hacía casi un siglo los indios no habían oído predicar en su propio idioma; por eso acudían muchísimos, a veces hasta tres o cuatro mil, desde largas distancias atraídos por la novedad.

A mediados de 1884, Grote recibe la orden de abandonar el Ecuador y dirigirse a la Argentina, donde el año anterior habían llegado algunos sacerdotes redentoristas para establecerse.

Su llegada a la Argentina

Grote inicia el viaje que lo trae a la Argentina desde Ecuador en vapor, y al llegar a Perú continúa la marcha en lomo de mula, atravesando desfiladeros y abismos imponentes, recorriendo desiertos y lagos. En Salta toma el tren que lo trae a Buenos Aires, llegando al convento de las Victorias el 20 de agosto de 1884 por la noche. Tenía 31 años.

…”después de atravesar en tren las provincias argentinas desde los límites de Salta y Tucumán, llegaba a Buenos Aires y llamaba a las puertas del convento de las Victorias, cuyo nombre resonaba entonces en mis oídos con eco gratísimo que parecía responder al clamor de mis esperanzas”.

Obra del padre Grote

La clase trabajadora era la preocupación del Papa León XIII y promulgó la encíclica Rerum Novarum sobre las condiciones de las clases trabajadoras en 1891, lo que fue un disparador para Grote.
Su principal obra: los Círculos Católicos de Obreros

A fines del siglo XIX no existía en Argentina una organización católica que estuviera en contacto con la clase obrera. Eran épocas en que los empresarios no escuchaban los reclamos de los trabajadores y acudían a la represión policial para acallarlos.

El 15 de mayo de 1891, el papa León XIII promulga la encíclica referida a la cuestión social Rerum Novarum. Este documento no pasó inadvertido, principalmente para Grote, quien al conocerla manifiesta: “En ella escuché la voz de Dios y ya nada fue capaz de detenerme”.
Ocho meses después de su publicación, el 2 de febrero de 1892, funda el primer Círculo, llamado Central, porque el mismo serviría de modelo para los que se fueran formando. Su objetivo fundacional fue “promover y defender el bienestar material y espiritual de la clase trabajadora, de acuerdo con las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia.”

Grote entendía que las grandes masas de trabajadores requerían otro modo para su evangelización: había que tomar contacto, acercarlas, servirlas, otorgarles formación y defenderlas, para luego ir a la labor de su promoción personal y social.

Para esto se propuso crear una entidad de puertas abiertas que reuniera obreros de distintas profesiones, edades y orígenes, para realizar una tarea social, moral y religiosa. Grote propugnaba la colaboración y concordia entre las clases. Desde los Círculos se alentó la formación de sindicatos, que bregaban por sus conquistas laborales. Entre otras cosas, y a fin de cumplir su objetivo, se aplicó el socorro mutuo, la prestación de asistencia médica, provisión de medicamentos, subsidios y seguros por fallecimiento.
Sus dirigentes elevaron iniciativas y petitorios a favor de una legislación social, promoviendo la aprobación de muchas leyes. Pero todos los esfuerzos para promover el bienestar de los trabajadores, toda la acción social a favor de ellos no era el fin último: sino ganar almas para Dios.

Durante años evitó que al nombre de los Círculos se le agregara la palabra “católicos”, porque su intención era crear una entidad de puertas abiertas, de diálogo, que no excluyera a nadie.
Veinte años después de fundados, los círculos eran setenta, con 23.000 socios, 21 edificios propios y un capital de 1.000.000 de pesos.

La realidad necesitaba ser transformada, y Grote se convirtió en un realizador. Su obra fue una de las experiencias más importantes de la historia de la evangelización argentina.

Peregrinaciones a Luján

Pegregrinación obrera a Luján

Grote tenía dos grandes amores: la Iglesia y los obreros. Fue el primero en realizar peregrinaciones al Santuario de la Santísima Virgen de Luján, que en su primera realización, el 29 de octubre de 1893 logró ser acompañado por 400 hombres. Acompañaban a los peregrinos la banda de música de la escuela del Círculo Central y numerosas banderas argentinas. Allí prometieron concurrir todos los años a pedir su protección para la obra. Esta peregrinación se ha realizado ininterrumpidamente hasta nuestros días. Tres años después, los peregrinos sumaban 3.000.

Dentro de las diversas actividades religiosas promovidas por los Círculos de Obreros, cabe señalar como de gran importancia por el número de fieles que congrega, la peregrinación a Luján.

“Ese fue el día decisivo en la vida de los Círculos. Juramos mantenernos firmes en nuestro propósito de redención de los humildes e hicimos voto de concurrir todos los años en masa ante su imagen para que ella mantuviera intacta nuestra energía perseverante”.

Extracto del libro Vida del Padre Grote, del R. P. Alfredo Sánchez Gamarra

Funda el diario El Pueblo

Hacia fines del siglo XIX, faltaba la presencia de un diario nacional inspirado en los principios cristianos, “un diario católico que no oliera a papel de envolver a velas, un diario que expusiera la información con criterio católico”.

El Pueblo, que busca ser la expresión de este deseo, se funda el 1º de abril de 1900, gracias a la labor tesonera del Padre Grote, y se constituye en el diario católico de circulación nacional de más larga trayectoria. Se define desde el comienzo como tal, porque enfoca los temas periodísticos a la luz del Magisterio de la Iglesia. La prensa lo reconoce como el “guía y portavoz” de los católicos, aunque esto no significa que sea el órgano oficial de la Iglesia. El 22 de julio de 1960 sale a la calle el último número de este diario.

La iglesia porteña lo echa

En agosto de 1912 se produce su alejamiento, presionado por la Curia Metropolitana, luego de una serie de desacuerdos y malentendidos por las actividades de acción social que desarrollaba Grote. Hasta se le sugiere ir a fundar Círculos al Perú, y si es posible que no regresara.

Grote asumió con entereza la incomprensión de su tarea y con gran obediencia presenta su renuncia indeclinable. El 25 del mismo mes se traslada a Montevideo a bordo del buque Venus, en busca de paz, y es despedido en la dársena por miembros de los Círculos que concurren a las diez de la noche a despedirlo.

Con extremo dolor pero confiando y aceptando la voluntad de Dios, el padre Grote se aleja definitivamente de la conducción de los Círculos.

Sus últimos años

Alejado de la dirección de los Círculos, Grote volcó sus energías apostólicas a otras manifestaciones con el mismo fervor, con la misma asombrosa capacidad de trabajo que mostrara en años anteriores. Y cada vez que pudo, ayudó a los Círculos.

Su escenario continuó siendo toda la República, que recorría en visitas misionales constantemente, al igual que los diversos departamentos de la República Oriental del Uruguay.

En 1914 se desempeña, por cerca de un año, en el cargo de superior de la diminuta comunidad boliviana de Tupiza, y después en Salta ejerce el rectorado de la comunidad de San Alfonso (1918 a 1921).

En 1923, el Arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Mariano Antonio Espinosa, que estaba muy mal de salud, requirió la presencia de Grote y le dijo:

” ¡ Cuánto siento haber dado ocasión a su dimisión de director espiritual de los Círculos de Obreros !

No quería morirme sin expresarle esta pena “

La última batalla que se le atravesó fue la muerte. Sobrepuesto a la caída por una escalera de uno de los conventos redentoristas que le produjeron lesiones de importancia en la cabeza, de un posterior síncope que le produjo la hemorragia de una vena varicosa, de un ataque de apoplejía que sufre en enero de 1940 y le deja una depresión de sus facultades, el 27 de abril de ese año entra en coma y el martes 30 deja de respirar, ganando la última batalla: la de la muerte que enfrenta serenamente con algo más de 86 años.

 

Fuentes: Wikipedia, fcco.org.ar

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