Opinión personal: Bombas en Plaza de Mayo en 1955, incendio de iglesias, del Cabildo, quema de la Bandera Argentina, bombas y amenazas de bombas en los 70, el asesinato de monseñor Enrique Angelelli haciéndolo pasar por un accidente, la muerte del padre Mugica, la desaparición de las monjas francesas Duquet y Perron, los secuestros y asesinatos a la salida de la iglesia de la Santa Cruz en San Cristóbal, Buenos Aires, el asesinato de los monjes palotinos en la iglesia de San Patricio, en Belgrano, Buenos Aires, cuya alfombra manchada de sangre mártir testimonia en el lugar y quién sabe cuantos buenos cristianos entre tres decenas de miles de desaparecidos. Por el fruto se conoce el árbol dice el Señor, y el fruto es una Argentina saqueada luego de los asesinatos de quienes molestaban al ladrón, de corrupción, de pedofilia, de homosexualidad, de ateísmo, de robos, de asesinatos, de abortos, de fraudes. Yo mismo en la iglesia de Santo Domingo de Guzmán / Nuestra Señora del Rosario, tuve que escuchar la insidia calumniosa de echarle la culpa de la quema de las iglesias a los argentinos ( ¡ de la boca de un hijo de Dios ! ), y no a los invasores que se quedaron con todo y degeneraron al país. A tomar la hostia mientras asesinaba argentinos la dictadura le llamo neofariseísmo, esto es, tratar de usar a Dios para políticas humanas torcidas. El diablo dividido sedujo, trayendo una supuesta lucha contra el comunismo ateo nos inyectó el anticristianismo en nuestra patria y hoy el mercachifle es el rey. Los curas Tato y Novoa, luego de los hechos de 1955, le pidieron perdón llorando a Perón y éste le dijo: no es a mi a quien tienen que pedir perdón, sino al Pueblo Argentino. Pero no todos se dejaron seducir por la mentiras del demonio: Pironio fue uno que se mantuvo fiel a Dios.

 

Aquí un extracto del libro de los salesianos Santos protagonistas de la vida

El cardenal Eduardo E Pironio nació en Nueve de Julio (Buenos Aires) el 3 de diciembre de 1920. Fue una personalidad destacada de la Iglesia Argentina, pero también tuvo importantes responsabilidades a nivel mundial.

Se ordenó sacerdote el 5 de diciembre de 1943, en la Basílica de Ntra. Sra. de Lujan, y su primer servicio pastoral fue la de formador de futuros sacerdotes en el Seminario de Mercedes, su diócesis.

En 1958, su Obispo lo designó Vicario general de su Diócesis de origen, y comenzó su servicio como Profesor de Teología en la Universidad Católica Argentina. En 1960 fue nombrado Rector del Seminario de Villa Devoto, que acababan de dejar los Jesuitas. En 1963, el Papa Juan XX111 lo designó para participar como perito en la segunda sesión del Concilio.

El 31 de mayo de 1964, en la Basílica de Lujan, fue ordenado Obispo como Auxiliar de la Plata. A fines de 1967, Pablo VI lo designó Administrador Apostólico de la Diócesis de Avellaneda, y la XI Reunión Anual del CELAM lo eligió Secretario General del CELAM. Poco después, el Papa lo designó como Secretario General de la II Conferencia Episcopal Latinoamericana, que se llevó a cabo en Medellín.

El 27 de abril de 1972 fue nombrado Obispo residen­cial de la diócesis de Mar del Plata y en noviembre de ese mismo año fue designado Presidente del CELAM.

En estos años de convulsión política como durante el período de la última dictadura militar en la Argentina, Pironio se ocupó de la gestión por la libertad y la aparición con vida de personas secuestradas, perseguidas y encarceladas de su Diócesis.

Cardenal Eduardo Pironio

Su madre no podía tener hijos, rezó y él fue el vigésimosegundo

Cardenal Eduardo Pironio, ¡ vigésimo segundo hijo de una madre que pidió a Dios poder tener hijos !

Primo Corbelli nos cuenta sobre el: “Su vida corría peligro por aquel entonces. En vísperas del golpe militar de 1976, fue amenazado de muerte reiteradas veces. Trás aparecer pintadas callejeras en algunos edificios, colegios católicos, y en las paredes de la Catedral de Mar del Plata la inscripción “Pironio Montonero”, tuvo que desalojar el edificio del Arzobispado por amenazas concretas de bomba. Su prédica comprometida con la Iglesia latinoamericana le valió el mote de comunista utilizado por parte de los mismos sectores políticos y militares que asesinaron al padre Carlos Mugica en 1974, su discípulo espiritual y amigo. Las solidaridades recibidas hicieron que el Gobierno … le ofreciera una custodia personal, a lo cual respondió: “No puedo aceptar eso. Primero porque confío en la protección de Dios. Segundo, porque considero inaceptable que un obispo desarrolle su labor rodea­do de guardaespaldas. En tercer lugar, porque pueden atentar y no sólo matarme a mí, sino matar a un custodio; y su vida vale tanto como la mía”.

En septiembre de 1975, Pablo VI lo nombró para un servicio de gran responsabilidad en la Curia Romana y se trasladó a Roma. En mayo de 1976, Pablo VI lo nombró Cardenal de la Iglesia.

El 8 de abril de 1984, Juan Pablo II lo designó Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos desde donde organizó las Jornadas Mundiales de la Juventud y también de los Foros Mundiales, el primero de los cuales se gestó en Buenos Aires.

Su vida estuvo muy marcada por su sensibilidad pas­toral, su apertura a los grandes problemas de la humani­dad y de los jóvenes y su fidelidad a la Iglesia. Sus escritos fueron sumamente esclarecedores para quienes buscaron seguir la huella trazada… Su persona trasuntaba siempre sencillez y transparencia.

Falleció en Roma el 5 de febrero de 1998, después de catorce años de enfermedad. Poco antes había escrito: “Vamos hacia la casa del Padre. La alegría de morir con­siste en saber que volvemos a la casa del Padre, llevados por la mano de Jesús”.

Meses antes de fallecer, el Cardenal Pironio nos explicaba: “Si tuviera que hablar de mi vida, comenzaría con mi familia y, en particular, con mi madre, que fue una mujer sencilla pero de fe profunda -reveló-. Yo soy el vigésimo segundo hijo, el último nacido, y tengo que reconocer que en esta historia hay algo de milagroso. Mis padres eran italianos. Cuando nació el primer hijo, mi madre tan sólo tenía 18 años y se enfermó gravemente. Durante seis meses estuvo en cama, sin poder moverse. Cuando se recuperó, los médicos le dijeron que no podría tener más hijos, pues, de lo contrario, su vida correría un grave riesgo”.

Al no saber qué hacer, la mamá fue a consultar al Obispo Auxiliar de La Plata, quien la tranquilizó y cele­bró una misa pidiendo protección.

“Más tarde, dio a luz a 21 hijos, yo soy el último, y vivió hasta los 82 años”, recordaba con emoción.

“Pero lo mejor no acaba aquí -añadía-, pues después fui nombrado obispo auxiliar de La Plata, precisamente en el cargo de aquel que había bendecido a mi madre. El día de mi ordenación episcopal el Arzobispo me regaló la cruz pectoral de aquel obispo, sin saber la historia que había detrás. Cuando le revelé al Arzobispo que debía la vida al propietario de aquella cruz, lloró”.

Testigos concretos y creíbles

“Los jóvenes no tienen miedo a la santidad ni les asustan sus exigencias. Pero tienen necesidad de ver a su lado, en la Iglesia, testigos concretos y creíbles. Particularmente sienten hambre de la Palabra de Dios (lectura, meditación, oración, contemplación), deseo de compartir comunitariamente las bienaventuranzas evangélicas y alegría de servir a los más pobres y necesitados (los ancianos, los enfermos, los emigrados, los que están solos). Es una santidad fuertemente evangélica (‘sed perfectos como es perfecto vuestro Padre Celestial (Mt. 5, 48); por eso, profundamente encarnada: ¿quién es mi prójimo?, (Lc. 20,29), ‘tuve hambre y me disteis de comer… era forastero y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme’ (Mt. 25). Comprenden perfectamente que la santidad no es un privilegio personal, sino una exigencia de liberación, de solidaridad y de servicio. ‘Vosotros sóis la sal de la tierra..’ “.

(Monseñor Pironio, Claves para la nueva evangelizacióa)

Fuente: Libro comprado a los salecianos Santos protagonistas de la vida de Ricardo Noceti