La chacarera

Santiago del Estero -cuya capital del mismo nombre es la ciudad argentina más antigua- es una provincia clave en nuestro país. La cultura santiagueña la constituyen las expresiones artísticas, las manifestaciones religiosas, las industrias líticas y óseas, la avanzada alfarería, las prácticas agrícolas y las actividades textiles de los indígenas que poblaron su suelo desde seis mil años antes de Cristo hasta el período colonial. Santiagueño es el quechua que aún se habla en Argentina desde la época en que esta región formaba parte del Tawantinsuyo de los Incas.

La chacarera doble, Añoranzas, de Julio Argentino Jerez es forma ya parte de los símbolos provinciales como himno cultural oficial de Santiago del Estero. Esta decisión fue incluida en el texto reformado, en el año 1998, de la Constitución de la citada provincia

“Añoranzas” es entonada desde la cuna por cualquier comprovinciano. Sin embargo, no es fácil acercarse a la personalidad de Julio Argentino Gerez, o Jerez, como indistintamente escriben su apellido. De él se dice que era bohemio y naturalmente músico, dedicó casi toda su obra a la tierra natal y para muchos, antes de él la chacarera era una danza más, pero a partir de Gerez, la chacarera asume protagonismo, producto de la calidad poética de su autor y de su capacidad de recibir y transmitir el sentir singular del santiagueño que por uno u otro motivo tuvo que irse. Su inspiración otorga a la chacarera un lugar sobresaliente en el folclore argentino.

Julio Argentino Gérez, el autor

Julio Argentino Gerez, hijo de doña Rosalía Gerez , nació el 23 de julio de 1901 en Cuyoc, departamento Banda, Santiago del Estero.
Cuando él y su hermano mayor Horacio, eran niños, su madre contrajo matrimonio con Manuel Carrizo, quien los crió como verdaderos hijos .
Radicados en La Banda, ingresa a la Escuela Amadeo Jacques, donde terminó el ciclo primario.
Al cumplir 15 años de edad, ingresa como aprendiz en la carpintería de los hermanos Don José y Don Feliz Cordero y posteriormente trabajó en el ferrocarril. Los empleos no le duraron mucho, ya que la vida de músico y su temperamento, no coincidían con los tiempos y exigencias convencionales del trabajo.
Desde niño demostró su pasión por la música y en la adolescencia le llegó a las manos la primera guitarra. Comenzó como jugando y desde las primeras melodías que sacó en el encordado, no abandonó más el instrumento.
Inició su carrera artística formando un dúo de guitarra y canto con Paciente Paz y emprendieron una exitosa gira por el interior santiagueño.
A mediados de la década del 20 del siglo pasado, su destino de músico y tal vez una frustración amorosa lo llevaron a dejar el solar nativo y radicarse en Buenos Aires .
Al comienzo, subsistió desempeñando los más insólitos oficios, hasta que logró dedicarse a su verdadera vocación. Principió integrando el dúo Jerez-Estrella, hasta que en 1927, logró entrar en la radio, paradójicamente cantando tangos . En 1929 compone su gran éxito “La Engañera” y a mediados del año 1932 tuvo su primera oportunidad como solista en el “Círculo Tradicionalista La Querencia”. Su voz de marcado acento santiagueño, más bien aguda, cantó con emoción y reflejos de muchas madrugadas.
Cuando mejoró su situación vivió en Boedo y luego en avenida Belgrano 1838 en viejas casonas, de no menos de diez habitaciones. En cada una tenía instalada una enorme jaula donde trinaban o gorjeaban toda clase de pájaros, por los que de niño tuvo una obsesiva debilidad. De pronto se mostraba inquieto porque debía salir con urgencia a comprar alpiste y, sus amigos maliciosos, no sabían si el tal “alpiste” era del que se come o del que se bebe.
Su enorme trascendencia, más que como intérprete, se debe a su valiosísima obra de compositor y poeta.
Actuó en Radio Belgrano y en Radio Prieto; en 1943 se presentó en Rosario de Santa Fe, invitado por el Centro de Residentes Santiagueños . Como guitarrista, integró la orquesta nativa de José María de Hoyos, que con la cancionista Elvirita Tamahsi actuaba en Radio El Mundo . También fue acompañante de Marta de los Ríos y de “La Negra” Tucumana, a quien acompañó en la grabación de dos temas de su autoría, “Chacarera de mis Pagos” y “Corazones Amantes”, con música de José Luis Padula.
Actuó con cierta asiduidad en “El Círculo Santiagueño”, situado en Membrillares esquina Juan Bautista Alberdi y en “Provincianos Unidos”, Pedernera 250 , ambos en el barrio de Flores. También era frecuente su presencia en La Enramada (Santa Fe y Godoy Cruz, Palermo), donde compartía mesa, entre otros, con Félix Dardo Palorma, conocido autor y compositor y con Ramón Espeche, considerado por muchos el mejor bailarín de nuestra música ; otro de los lugares que acostumbraba visitar era “La Salamanca” , ubicado en avenida Rivadavia pasando Primera Junta, donde se reunía, entre otros con el catamarqueño Felipe Zurita, el bandoneonista Luís Quiroga, y su comprovinciano José Gerez .
Compuso aproximadamente cuarenta verdaderas “joyas”, de marcado tinte nativista, poseedoras de palpitaciones humanas inconfundibles, que nos hacen evocar los líricos romances que cantaron los viejos santiagueños, cuando la naturaleza virgen era fuente fecunda de inspiración y belleza. En su universo creador, reunió armónicamente su arte incomparable con la emoción sincera de lo grande y eterno e instaló en las almas sensibles la fantástica visión de su tierra natal, con sus selvas seculares y sus bellas llanuras en su reciedumbre agreste y muda.

Después de muchos años sin regresar como músico a su tierra natal, lo hace al frente de una orquesta nativa de diez ejecutantes, contratado para tres recitales en el “Parque de Grandes Espectáculos. El anuncio de su presencia causó una extraordinaria expectativa y su debut, el jueves 26 de marzo de 1953, constituyó un verdadero acontecimiento amistoso-musical. La orquesta estaba integrada por los Hnos. Andrés, Antonio y Luis Ríos (bandoneón), Pedro Pascual “Birili Sánchez, Julio Carrizo, Werfil “Catingo” Maldonado, Benito “El fiero” Gerez y Miguel Faro (Guitarra y Coro), “Atuto” Mercau Soria, (guitarra, quena y coro) y finalmente José Antonio Faro (bombo) . Todos ellos habían venido de Buenos Aires, acompañados por Santiago Adamini, en ese entonces directivo y luego presidente de Sadaic. Todo en su propia provincia. ¡Había logrado su sueño!

Julio Argentino Jerez, luego de volver de un homenaje que se le ofreciera, murió en la ciudad de Buenos Aires el 21 de septiembre de 1954 a las tres de la tarde de edema agudo de pulmón.

Había otorgado su testamento en forma de chacarera, cuando en “Añoranzas” expresa:

Tal vez en el campo santo
no haya lugar para mí
paisanos les vua pedir
antes que llegue el momento
Tirenme en campo abierto
pero allí donde nací

Sus amigos, recogiendo su anhelo, iniciaron inmediatamente un movimiento conducente al traslado de sus restos.
Volvió a La Banda, ciudad a la que estuvo ligado por lazos afectivos indestructibles, en el tren Estrella del Norte el sábado 25 de septiembre a las 9,20, traído por su cuñado “el Duro” García, que había viajado al efecto y el Dr. José Antonio Faro, representante de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores.
En la estación de La Banda se había reunido gran cantidad de gente. Fue llevado a la casa de su madre, Sarmiento 494, literalmente cubierto de flores. Allí permaneció hasta las 16, en que se inició el imponente cortejo; la gente condujo el ataúd a pulso hasta el cementerio. El acompañamiento con música de bombos y guitarras, se detenía en las esquinas, ejecutando una chacarera en cada una de ellas, constituyendo una verdadera elegía folclórica. Tales manifestaciones se acentuaron y alcanzaron su máxima expresión cuando ya al borde de la tumba lo despidieron con un sentido responso de música vernácula. ”.

De su extraordinaria obra nadie olvida su chacarera doble “Añoranzas”, himno de los santiagueños. También es autor de las zambas “La Engañera”, “Corazones Amantes”, “Torcacita” y “Camino de Buenos Aires”; las chacareras “De Mis Pagos”, “Tupi-Tupi”, “La Baguala”, “La Despedida” y “Amargura”; los escondidos “Que Siga el Baile” y “Coro Pampa”; los bailecitos “Sendita Florida”, “La Procesión”, “Ya me voy”; e inumerables temas nacidos de su prodigiosa inspiración.

Atahualpa Yupanqui y Eduardo Falú le compusieron una chacarera, “A Don Julio Jerez”.

AÑORANZAS – Letra y Música: Julio Argentino Jerez
(Chacarera)

I

Cuando salí de Santiago,
todo el camino lloré.
Lloré sin saber por qué;
pero si les aseguro:
que mi corazón es duro,
pero aquel día aflojé.

Dejé aquel suelo querido
y el rancho donde nací,
donde tan feliz viví,
alegremente cantando.
En cambio hoy vivo llorando,
igualito que el crespín.

Los años y las distancias
jamás pudieron lograr,
de mi memoria apartar;
ni hacer que te eche al olvido:
¡ay mi Santiago querido,
yo añoro tu quebrachal!

Estribillo

Mañana, cuando me muera,
si alguien se acuerda de mi,
llévenme donde nací,
si quieren darme la gloria
y toquen a mi memoria
la doble que canto aquí.

II

En mis horas de tristeza,
siempre me pongo a pensar:
¿cómo pueden olvidar,
algunos de mis paisanos
rancho, padre, madre, hermanos
con tanta facilidad?.

Santiagueño no ha de ser,
el que obre de esa manera.
Despreciar la chacarera,
por otra danza importada:
eso es verla mancillada
a nuestra raza campera.

La otra noche, a mis almohadas,
mojadas las encontré.
Más ignoro si soñé,
o es que despierto lloraba;
o en lontananza miraba
el rancho aquel que dejé.

Tal vez en el camposanto,
no haya un lugar para mí.
Paisanos, voy a pedir,
que cuando llegue el momento,
tírenme en un campo abierto,
pero sí, donde nací.

aflojar: (arg) menguar el vigor, la valentía o el entusiasmo con que se emprende una acción
crespín: pájaro cuculiforme, asociado a diversas leyendas del folklore, por su canto lastimero
quebrachal: terreno poblado de quebrachos o árboles de madera extremadamente dura
la doble: la (chacarera) doble
camposanto: cementerio

 

 

Fuentes: Wikipedia, Fundacion Atahualpa Yupanqui, A Pura Chacarera